ISSN 19006241
Viernes 30 de Julio de 2010

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Industria Petroquímica :: Ejemplo de Vida

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Industria Petroquímica: Edición Septiembre de 2005 - VIRTUALPRO, la Revista Virtual especializada en Procesos Industriales
Eichmann preparaba un plan para limpiar a toda la población judía de Budapest en un período de 24 horas. En un informe a Berlín, había escrito que "los detalles técnicos tomarían unos días."

Si se hubiese llevado a cabo dicho plan, el viaje de Raoul Wallenberg hubiese sido en vano. Pero el Jefe de Estado, Miklós Horthy, recibió una carta del Rey Gustav V de Suecia que llamaba a detener las deportaciones de judíos. Horthy tuvo que recurrir a su coraje. Le envió una nota al Rey Gustav V diciéndole que había hecho todo lo que se encontraba a su alcance para garantizar el respeto por los principios de humanidad y justicia. Se cancelaron las deportaciones alemanas. En la frontera se detuvo un tren que transportaba a 1.600 judíos y se lo envió de vuelta a Budapest.

Sorprendentemente, los alemanes aprobaron la detención de las deportaciones. La razón podría ser que durante ese período uno de los máximos líderes nazis, Heinrich Himmler, estaba comprometido en un juego muy arriesgado. Alemania perdía la guerra y Himmler creía que podría negociar una paz por separado con los aliados Occidentales. Quizás, su anhelo era mejorar su posición de negociación reduciendo la presión sobre los judíos. Mientras tanto, en Hungría, Adolf Eichmann esperaba una nueva oportunidad.

Raoul Wallenberg se convirtió en el líder de un departamento especial que estaba a cargo de defender a los judíos. Incluso antes de que llegara Wallenberg, Valdemar Langlet, líder de la Cruz Roja húngara, estaba colaborando con la Legación sueca. Langlet alquiló edificios a nombre de la Cruza Roja y puso carteles tales como "Biblioteca sueca" e "Instituto de Investigación sueca" en las puertas. Estos edificios eran utilizados como escondites para judíos.

Wallenberg no recurrió a los usos y costumbres de la diplomacia internacional. Sorprendió a sus colegas suecos con métodos poco convencionales. Utilizó desde sobornos hasta amenazas. Cuando sus pares diplomáticos comprobaron el éxito de las gestiones de Wallenberg, se unieron a él con ahinco y dedicación.

Para cumplir con su misión contó con la ayuda de cientos de personas. Todos eran judíos, pero al trabajar para Wallenberg estaban exceptuados de lucir la Estrella de David. En agosto de 1944 el jefe de estado húngaro, Horthy, despidió a su primer ministro pro alemán y nombró al General Lakatos para sucederlo. La situación de los judíos mejoró sustancialmente. Debido a la presión diplomática, orquestada y ampliada por Raoul Wallenberg, Adolf Eichmann ya no podía "resolver el tema húngaro" tal como lo
había planeado. El 15 de octubre, Miklós Horthy anunció que estaba buscando la paz por separado con los rusos. Pero, apenas finalizó su discurso radial las tropas alemanas tomaron el control de la situación. Horthy fue derrocado y reemplazado por el líder de los nazis húngaros, Ferenc Szálasi, líder de los "Cruz Gamada", tanto o más temidos que los nazis por sus crueles métodos en el trato de los judíos. Adolf Eichmann pudo así retomar su labor inconclusa.

Wallenberg debió retomar su lucha sin descanso. Con frecuencia fue testigo inoportuno de atrocidades. En muchos casos logró salvar a sus propios colaboradores judíos de las manos de los ejecutores. Sus únicas armas eran su coraje y su conducta inquebrantable.

Durante la segunda semana del mes de enero de 1945, Raoul Wallenberg supo que Eichmann estaba por poner en práctica una masacre total de los judíos que vivían en el mayor ghetto de Budapest. La única persona que podía evitarlo era el General August Schmidthuber, comandante de las tropas alemanas en Hungría.

Szalay se encontró con Schmidthuber y le entregó una nota que declaraba que Raoul Wallenberg se aseguraría de que el general sería considerado enteramente responsable por la masacre y colgado como criminal de guerra al finalizar la contienda. La masacre fue cancelada a último momento como resultado de esta intervención.
Dos días después llegaron los rusos y encontraron 97.000 judíos vivos en los dos ghettos de Budapest. Junto a otros que pudieron evitar el exterminio, el número aproximado de judíos sobrevivientes se estimó en 120.000.
De acuerdo con Per Anger, amigo y colega de Wallenberg, el diplomático sueco es responsable de haber salvado alrededor de 100.000 judíos.

¿Qué le sucedió a Raoul Wallenberg?

El 13 de enero de 1945, soldados soviéticos se encontraron con un hombre que los estaba esperando, solo y parado junto a la entrada de un edificio en cuya fachada flameaba la bandera sueca. En correcto ruso Raoul Wallenberg le comunicó a un sorprendido sargento que él era el encargado de negocios sueco en las zonas liberadas de Hungría. Wallenberg obtuvo permiso para visitar los cuarteles militares soviéticos en Debrecen, al este de Budapest.

Salío de la capital el 17 de enero, con una escolta militar soviética. Junto a su chofer se detuvo en cada una de las casas suecas en donde se despidió de sus amigos. A un colega, el Dr. Erno Peto, le dijo que no
estaba seguro de si era huésped de los soviéticos o su prisionero. Raoul Wallenberg pensó que estaría de vuelta en una semana. Nunca regresó.

Aún no se sabe si Wallenberg está vivo o muerto. Los mismos rusos dicen que murió en una prisión soviética el 17 de julio de 1947. Sin embargo, existen testimonios de muchos testigos que indican que todavía podría estar vivo.

En noviembre de 1944, Raoul Wallenberg había creado una sección en su departamento que, bajo su supervisión, delinearía un plan detallado de ayuda económica para los judíos sobrevivientes. Los rusos no tenían la misma actitud para con los judíos y probablemente eran incapaces de comprender a una persona que dedicaba todas sus energías a salvarlos De este modo, Wallenberg consideraba importante encontrarse con los comandantes soviéticos y explicarles sus planes futuros.

Posiblemente los soviéticos pensaban que el trabajo de Wallenberg tenía un motivo oculto. Y con seguridad sospechaban que era un agente estadounidense. También sospechaban de los contactos que Wallenberg tenía con los alemanes.

Luego de sus incomparables esfuerzos humanitarios, Raoul Wallenberg terminó siendo un prisionero de por vida, un destino cruel e irónico para un hombre que lo sacrificó todo para darle al prójimo una oportunidad de vivir en libertad. Pero en todo el mundo, la gente continúa rindiéndole homenaje como a un héroe, en reconocimiento por su valentía y esfuerzo a favor de los derechos humanos.

Fig. 19. Fuente: Universität Duisburg-Essen
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